A dónde se va la sustancia del día?
En la
mirada esquiva del chofer del bondi, en la respuesta fría de ese hombre, en el
silbido del viento helado?
No. Seguro
lo dejé escapar en la risa, en la
carcajada sin forma que fluía entre mis labios hoy.
Escapó en el
baile de las hojas de ese árbol, en el vacío entre las palabras del texto que
leo, ese vacío polisémico del que se hablaba en la clase de ayer.
La
sustancia voló junto al humo de ese pucho que fuma él, se perdió en su mirada,
detrás de la niebla gris.
La sustancia
se fue en el dedo que detuvo al colectivo, en el agua caliente que se vierte en
el mate que me acompaña, en la voz de el flaco que me canta.
A dónde se
va la sustancia de este día? No lo sé, no entiendo dónde me derivo esto que
escribo. Comencé y me soltó la mano, me dejó parada en la nada y pensando en la
sustancia.
En qué
estaré pensando? Tal vez en las cosas simples, en el “buen día” y el “gracias”,
en la sonrisa cómplice con un nene, en
el abrazo que saluda a un amigo, en la mirada encantadora de quién nos gusta
entre los bancos de la facu , en las puertas mentales que deja abierta la clase
teórica o el libro que lees, en el chiste con alguien que conoces mucho, en el
recibimiento de Succo cuando llego a casa, en el compartir con la gente que se
quiere, en la caminata hasta la parada del bondi con el sol cayendo…en el
juego.
En eso
pienso, en esas cosas y otras tantas que llevan la sustancia del día. Habrá que
darle luz al instante como cantaba Spinetta, habrá que dejarse llevar por la
sustancia. No por su rutina, no por su monotonía, hablo de su simpleza
más maravillosa.
Y mientras
vivimos la sustancia del día, abrimos nuestra
mente a nuevas vertientes por dónde dejarla fluir.