La compañía amiga, la de siempre, vital.
Risas cómplices y otras tantas nerviosas.
Ironía en palabras y gestos. La
parodia en bailes juglares.
Un sentimiento de vergüenza que intenta dibujar un lenguaje en esos cuerpos callados. Los mismos que por momentos
tan sólo se sientan a ver.
Pero no dejan de bailar porque pronto será de día y esa noche se irá en
recuerdos.
Hermosos recuerdos.
El fruto de la tierra y todo comienza a fluir entre la masa joven.
Miradas que se buscan entre los rostros fértiles. Todos en busca de una
lluvia de verano. Esa que se lleva recuerdos tristes y trae consigo vendavales novedosos para la
cosecha que vendrá.
Notas desperdigadas en el aire, la música del pueblo se oye allí.
Una voz conocida, una mirada buscada en la adolescencia olvidada.
Un abrazo, un beso desprevenido en los labios y un “feliz 2013” .
Y nuevamente ella se encuentra con
esa mirada de niño de algunos hombres, esa que tanto le gusta.
Un fuego que se deja ver en cada movimiento. Callado por una indecisión
que detiene lo que pudo ser. Sabe que
esa será la última vez que eso suceda. Tendrá que serlo.
Un lugar recóndito en el mundo: una calle, luces y banderines de
colores, un barrio de fiesta. Los árboles protegiéndolos de ese viento frío.
Ella se unió a una juventud que salió a la calle a festejar que empieza todo
nuevamente. Aunque sea sólo allá arriba, en la “capocha”.Quizás también se sienta aquí, en el pecho. Es el
simbolismo de un ritual que se repite cada año.
Un nuevo ciclo desenvuelve sus alas y se echa a volar. Veremos dónde la
deja.
Por lo pronto, un viento norte se siente desde acá.