domingo, 20 de mayo de 2012

Historias juveniles del ego.


Charla cibernética: B es la jovencita, T es el mozuelo.
B: -Alooo
T: - Buenas, quién sos?
B: -Ajam, bien!…mmm nos conocimos en una fiesta hace un tiempo
T: -Mmm me mataste. Dónde era la fiesta?
B:-Creo que en Olivos. Recuerdo que vos tocabas el piano.
T:-Epa, sabés mucho de mí.
B:-Nono, sólo sé que tocabas el piano.
T:-Pero yo no te recuerdo a vos. Qué hicimos, pasó algo?
B: -Nos dimos unos besos...
T:- Te acordas bastante…
B:-Si, es verdad, suelo recordar boludeces.
T ha cerrado sesión.
 Moraleja: El ego es el peor enemigo de hombre (hablo de ambos) pero T es un  banana, especie que ha     proliferado en los últimos años.

Ambiente bolichero,se estaban dando besos infantiles, iniciales, precoces. De repente el adolescente le toma la mano a la joven  en un momento de fogosidad púber, y la acerca a su pelvis. La joven rechaza la elegante invitación. A continuación el diálogo que se desarrolla y acompaña a la acción:
L:- Dale, vení, está bueno!
V:- Para vos, L, para vos…
L:- Dale, si nunca lo hiciste, cómo sabés que no te gusta?
V:- Porque desde acá se nota que no vale la pena...
L pierde su mirada en el horizonte bolichero.
Moraleja: Nunca des nada por sentado ni subestimes a la gente.

 Primer grado, a D le gustaba mucho un nene un año más grande que ella. Pensaba que  tenía  los ojos verdes más lindos que había visto en su corta vida. A él vamos a llamarlo N. D estaba en la fila para salir del colegio. Todos los cursos estaban allí, expectantes por volver a sus casas y almorzar mientras ven “La pantera rosa” o “Super Hijitus”.
De repente N se acerca a D. A esta niña se le paraliza el corazón.
N exclama: - Mirá quién viene!
D, en su inocencia, responde: - quién?
N:- el burro que te mantiene! ( risa cruel)
Ya desde el principio de su historia, D obtuvo una gran lección para su vida: algunos hombres lindos sólo saben decir boludeces y ser crueles , y a esos es mejor dejarlos ir. Y esa fue la moraleja que nunca aprendió.




domingo, 13 de mayo de 2012

Intersecciones


Entre dos mundos,
No hay ninguno.
Yo no estoy allá y eso es obvio
Pero tampoco estoy acá.

Cuando el color se desvanezca en el alba,
Al menos el consuelo de las palabras en papel
Al menos la tinta,
Que vuelve a surgir en esta hora azul.

Para dormir en el fondo del arroyo,
No hace falta cerrar los ojos.

martes, 8 de mayo de 2012

movimiento.



Se endurecen las extremidades, ya no puedo moverme. Soy una piedra mojada: seco por dentro.
El reloj no para de dar vueltas, mis pensamientos tampoco. Soy una mosca que da vueltas en la basura, vuelo circular sobre las mismas ideas.
Miedo que endureció mis días, que me quitó la dicha.
Y hoy me desperté con una canción de Pink Floyd, un pucho y unos amargos y me detuve  frente al ventanal a ver el sol.
Hoy me desperté en la quietud del día, de la ciudad. La risa de un niño me despertó, me sacudió. Las campanas de la Iglesia,  que ya no me interesa visitar, también me obligaron a salir del sueño.
Los dedos de mi mano empezaron a seguir una melodía. Y me fui con ella.
Ya no sé quién soy y quizás me lleve tiempo descubrirlo, pero ya no soy una piedra, y eso me da ser, me da vida. Miro mis manos ajadas, las llevo a mi rostro y  acaricio mi barba. Intento reconocerme. Pero hoy no puedo.
Por ahora, voy a hacer de la vergüenza y del miedo el gran bonete que ya no pienso usar.
Voy a romperlo en el aire y despedirlo en el viento, mientras “The great gig in the sky” sigue sonando. Mientras dejan un vacío, para respirar profundo.
Y quizás mañana me anime a buscar mis sueños, a probar y a errar. Y tal vez  también la llame a ella. Quizás deje de sentarme en una esquina a ver los autos pasar, a mirar entre piernas que caminan. Sentado detrás de unos  lentes de sol gastados, desde abajo, como escondido. Ya no quiero esperar.
Mañana por la mañana, tomaré mi guitarra y la haré sonar otra vez. Voy a pedirle que cante mi dolor, que llore conmigo, que me envuelva en su melodía. Voy a pedirle que me abrace dulcemente hasta que sepa quién soy, hasta que tome el coraje.
¿De qué sirven las manos lastimadas por un trabajo que no me hace feliz? ¿De qué sirve pensar que ella ya no quiere verme  si no se lo pregunté? ¿De que sirve una guitarra cubierta de polvo en ese cuarto?