viernes, 10 de mayo de 2013

el beso que no fue.


Lo  escribí hace un tiempo, no lo recordaba. Pero lo leí y sentí que estaba ahí. "Entonces lo comparto",pensé.
A todos nos pasó seguramente.

Soy la muralla de la que habla el Flaco.
Su recuerdo es el beso que no le dí.
Pero esta vez no.
Las manos se humedecen. Se marcan las venas.
Mi mirada se posa en tus comisuras.
Ya no te escucho. Estoy sola acá adentro.
La respiración se agita. Latidos rapaces.
La ansiedad de transforma en deseo una y otra vez.
Muralla. Se quiebra. Tus labios.
Palabras. Tu lunar. Tu ceja levantada.
Pestañas en la unión de cada idea que sale de tu boca. Tu boca.
Mi mirada intenta encontrarse con la tuya.
Manos húmedas y verdes. Trago saliva.
Mojo mis labios.
Me concentro en tus comisuras. En el movimiento de tus labios mientras hablas. En la barba que los rodea. En tus dientes torcidos. Sólo en vos.
Intento llegar a tus ojos, encontrarlos a mitad de camino.
Me esquivan. Tus manos también sudan.
Entonces apoyo mi mentón sobre mi mano e inclino mi cuerpo. Perdí la batalla.
Me convertí en mi muralla y no me animé a besarte.
Mañana quizás.

lunes, 6 de mayo de 2013

Instantáneas

En ese espacio entre el sueño y la vigilia, entre el Clonazepam y el día de mañana, escribí un cuento. Tenía principio, nudo y quién sabe qué desenlace (a veces me cuesta pensar en los finales). Imaginé las frases y los sintagmas del mismo, que me llevaban a imágenes y de vuelta a las palabras; otra escena, un nuevo capítulo.
Pero ahora, sentada en un café, se me escurre entre los filamentos de la mente, se desvanece. Otro cuento que se va, yo no sé qué tan buena soy escribiendo, sólo creo que todos tenemos algo para contar.
Y el día está tan feo. Ojalá pudiera vislumbrar lo que en ese momento estaba clarísimo, la estructura de una historia que quizás valiera la pena para alguien, o que me ayudase en este ejercicio de dejar ir las palabras todas juntas, formando sentidos insospechados.Están ahí, lo sé, y no las puedo ver.
Ya viene el mozo, me pregunta si quiero algo más. Por qué no, otro cortado y un poco más de lluvia, quién dice: la receta para recordar.