viernes, 9 de noviembre de 2012

recuerdos que prefiero olvidar.


En estos días me di cuenta de un paralelismo en mi vida: la preparación de un parcial  en la era facultativa posee el mismo significado que las clases de gimnasia durante mi secundaria.

 Recuerdo que las clases se desarrollaban en horribles mañanas de invierno, donde el frío y mi poca habilidad deportiva, hacían de mis movimientos una vergüenza a nivel nacional.
Ya desde la primaria, en mi pre adolescencia, corría a esconderme a los baños para evitar ese momento en que se arman los grupos para jugar.
En mi primer lugar, eso implicaba la estabilidad y / o coordinación de mis brazos y piernas, conjunción que nunca fue mi fuerte. Lo extraño es que bailaba y hacía algunas de las coreografías de los actos de la escuela. En fin, misterios sin explicación aparente.
 En segundo lugar, ese momento de elección siempre me incomodó. Me obligaba a poner esa expresión en la cara, esa que se dibuja en el rostro cuando se comparte el ascensor con alguien que no se conoce (y el sistema, hasta allí llega su perversión,  nos impulsa a hablar de cosas como el clima o la cena).
Y en tercer lugar, en cada clase debía encontrarme con mi gran enemiga: la pelota.
La cuestión aquí es que nunca me sentí cómoda, y siempre supe que  jamás iba a recordar esas experiencias con amor o melancolía. La realidad es que mi desempeño deportivo era más que triste y  lo único que recuerdo con algo de gracia fue un tanto milagroso que hice en un partido de volley ya en la secundaria. El mismo fue recibido con algarabía por mi grupo, incluso por el equipo opositor. Un momento memorable para todos los presentes.

Hace varios años que estudio comunicación en la UBA y hace unos días atrás rendí tres parciales al hilo. Sus consecuencias visibles fueron un aparente pero casi seguro  principio de miopía  y un espíritu crítico ante todo discurso que se presente en mi camino, una suerte de pacman  universitario, un poco molesta, sí.

 La preparación fue entre psicótica y aburrida. He aquí mi revelación: preparar un parcial no representa la faceta más interesante y feliz de la facultad. Es uno de los momentos más angustiantes de un estudiante. Se manifiesta en las pocas horas de sueño y en la excesiva ingesta de comida. No fumo, pero bebo café y mate; con lo cual debo tener una galería de úlceras en mi organismo. A eso se suman  tres días de reposo por fiebre. Las posibilidades de supervivencia eran pocas, pero estoy escribiendo. Por lo tanto nada es tan grave, ni siquiera este relativismo mío hecho de puro sentido común y pavadas personales.