viernes, 15 de noviembre de 2013

la batalla.

Y deseo sentirme así, en la eternidad de un acorde.
En el trazo infinito de un dibujo en plena creación.
Quiero ser esa cosquilla sorpresiva que despierta la caricia del otro.
Deseo sentirme por fuera de la certeza: no necesitarla.
Se desata una batalla entre el pensamiento y el impulso.

Respiro el humo de la explosión de mis neuronas.

Deseo ser el instante, sin futuro aparente.
No quiero razonar el porvenir.
Practico el sentir inmediato.
Deseo descubrir el velo del exceso de razón.
Influenciar su fuga.

Respiro el humo de la explosión de mis neuronas.

Intento hacer del impulso un bastión fuerte, para dejarlo así ganar la batalla.

Respiro el humo de la explosión de mis neuronas.

Las excusas que había creado se caen de a poco por mis oídos.
Desato mi pelo, lo dejo  relacionarse con el aire.
Toco el viento con la palma de mis manos.
Quisiera ser el viento ahora.
Impulso. Pasión. Vida.

Respiro el humo de la explosión de mis neuronas.

Intento escupir las palabras que alguna vez me detuvieron.
Las palabras se destruyen unas a otras.
Se quitan la ropa y desgarran sus cuerpos desnudos.
Se desarma el enjambre de ideas.
Se deshace el pensamiento maldito.
Se quiebra el miedo que inmoviliza los pies.

Respiro el humo de la explosión de mis neuronas.

Me  sostengo en el silencio.
Sólo soy un cuerpo y una voz que prefiere no decir más esta vez.
Soy  los ojos que observan sin interrumpir el ritual en que esta batalla se ha convertido.
 Intento superar la dificultad que provoca caer de espaldas sin mirar atrás.
Despojarme del miedo que silencia.
Abrazar al amor de quien desee estar a mi lado.
Ser el instante más allá del instante.

Respiro el humo de la explosión de mis neuronas.

Y seguramente mañana no sea como antes.










domingo, 22 de septiembre de 2013

acerca de ser maleza ( o no).


 Dice Bauman sobre el período de transición del feudalismo a la modernidad:

“El paso de una cultura silvestre a una de jardín no sólo es una operación realizada en una parcela de tierra, también es  la aparición de un nuevo papel: la del jardinero. Este ocupa ahora el lugar de guardabosques […] quienes trataban de garantizar que las plantas y los animales se reproduzcan sin molestias.
El poder que rige la modernidad (el poder pastoral de estado) se modela de acuerdo al papel del jardinero […] Nunca puede contarse con que el diseño de un jardín se reproduzca por sí mismo, y tampoco puede confiarse en que lo haga mediante sus propios recursos. Las malezas – esas plantas no invitadas, no programadas, autónomas- están allí para destacar la fragilidad del orden impuesto, alertan al jardinero acerca de la eterna exigencia de supervisión y vigilancia”


Quizás se trate de  un viaje alucinógeno o tal vez esté contándonos sobre otra dimensión de la realidad,  pero yo pienso que Luis estaba hablando de esto cuando escribió esta canción.  Creo que las hormigas que se abren al mundo, que no dejan “una planta sin probar”  constituyen una imagen que se enfrenta a los “trabajos tontos”, monótonos y de autodisciplinamiento  ; ese panóptico interiorizado del que habla Foucault o el habitus que plantea Bourdieu: nuestro propio jardinero interno.

Y pienso que tal vez la difícil decisión se dirime entre  resignarse a ser jardinero, a cuidar tan sólo desde la ventana o bien, elegir no deshojarnos como canta el flaco, animarnos a ser malezas.







jueves, 4 de julio de 2013

Pajaritos

Entre puertas extrañas me asomo
y miro los rostros borrosos
que de a poco se aclaran.
Avanzo a tientas,
pero avanzo
y ya no sé si tengo insomnio
o es que estoy medio dormida
entre los días.

Algunos miedos o por qué no
la inercia
se sostienen y me llenan
de lágrimas
que a veces caen
y otras quedan flotando en un papel,
y yo las siento temblar en el aire.

lunes, 1 de julio de 2013

condensación.

Despiértate despacio que quiero ver cada uno de tus gestos antes de que abras los ojos.
Quiero detenerme en tus formas, tu boca, tu nariz.
Quiero ver tu expresión calma, tus pestañas largas, tus lunares, las marcas de tu piel.
Deseo contemplar  tu rostro, con  sus sombras y su luz, hijas del sol que entra por la ventana del cuarto.
Déjame acercarme con movimientos suaves hasta respirar tu mismo aire. Quiero sentirte cerca mientras el día aún espera ser.
Y entonces decido beber de  tu néctar mientras tus ojos permanecen cerrados, atrapados en algún sueño.
Y mis manos dibujan formas en tu espalda, cálida por nuestros cuerpos bajo las sábanas. Sonreís con los ojos cerrados, sonrisa  sin dientes. Un placer te alcanza.
Apoyo mis labios para recorrer el camino que mis manos comenzaron a crear. Beso tu espalda sin mirar. Tu sonrisa sin dientes  deja una marca en tu mejilla. Y el placer te alcanza otra vez.
Despiértate despacio, que este amanecer nunca termine. Deseo compartir el instante onírico de tus mañanas mientras pueda, mientras dure.

Despiértate despacio.


viernes, 10 de mayo de 2013

el beso que no fue.


Lo  escribí hace un tiempo, no lo recordaba. Pero lo leí y sentí que estaba ahí. "Entonces lo comparto",pensé.
A todos nos pasó seguramente.

Soy la muralla de la que habla el Flaco.
Su recuerdo es el beso que no le dí.
Pero esta vez no.
Las manos se humedecen. Se marcan las venas.
Mi mirada se posa en tus comisuras.
Ya no te escucho. Estoy sola acá adentro.
La respiración se agita. Latidos rapaces.
La ansiedad de transforma en deseo una y otra vez.
Muralla. Se quiebra. Tus labios.
Palabras. Tu lunar. Tu ceja levantada.
Pestañas en la unión de cada idea que sale de tu boca. Tu boca.
Mi mirada intenta encontrarse con la tuya.
Manos húmedas y verdes. Trago saliva.
Mojo mis labios.
Me concentro en tus comisuras. En el movimiento de tus labios mientras hablas. En la barba que los rodea. En tus dientes torcidos. Sólo en vos.
Intento llegar a tus ojos, encontrarlos a mitad de camino.
Me esquivan. Tus manos también sudan.
Entonces apoyo mi mentón sobre mi mano e inclino mi cuerpo. Perdí la batalla.
Me convertí en mi muralla y no me animé a besarte.
Mañana quizás.

lunes, 6 de mayo de 2013

Instantáneas

En ese espacio entre el sueño y la vigilia, entre el Clonazepam y el día de mañana, escribí un cuento. Tenía principio, nudo y quién sabe qué desenlace (a veces me cuesta pensar en los finales). Imaginé las frases y los sintagmas del mismo, que me llevaban a imágenes y de vuelta a las palabras; otra escena, un nuevo capítulo.
Pero ahora, sentada en un café, se me escurre entre los filamentos de la mente, se desvanece. Otro cuento que se va, yo no sé qué tan buena soy escribiendo, sólo creo que todos tenemos algo para contar.
Y el día está tan feo. Ojalá pudiera vislumbrar lo que en ese momento estaba clarísimo, la estructura de una historia que quizás valiera la pena para alguien, o que me ayudase en este ejercicio de dejar ir las palabras todas juntas, formando sentidos insospechados.Están ahí, lo sé, y no las puedo ver.
Ya viene el mozo, me pregunta si quiero algo más. Por qué no, otro cortado y un poco más de lluvia, quién dice: la receta para recordar. 

jueves, 18 de abril de 2013

Reverso



Y sacaré fotos y escribiré desde la otra orilla, mientras dejo de verme a mí misma como una extraña. Mientras me voy encontrando.
Y enfrentaré calles y semáforos, dejaré la palabra y pasaré a la palabra-acción.

Así te iré recortando de a poco, separando los tantos, soplando los miedos.

lunes, 25 de febrero de 2013

El escarabajo.

Respiro con dificultad.
Mi cuerpo está tieso, caliente por el sol que no baja en pleno mediodía.
Y no puedo escaparme de mi mismo. Mi espalda quema en cada intento de revertir mi posición.
Transpiro en frío. Percibo  un temblor.
El aire se volvió más espeso.
Con un impulso intento moverme, cambiar el lugar en el que estoy.
Desde acá todo se ve al revés. Mi percepción comienza a asustarme pero no puedo moverme.
Necesito pensar rápido. Y claro. Rápido y claro carajo.
Una nube viene a rescatarme por unos minutos. El sol se volvió menos hostil.
Mis párpados descansan. Mis gestos arrugados se relajan.
Un nuevo sonido. Como un motor oxidado, viejo. Bombas que se alejan. Se van, se fueron.
Continúo en mi búsqueda implacable. Mi objetivo es cambiar mi posición. Lograr  percibir diferente. Tener menos miedo y salir de ahí. La incomodad es insostenible. Apenas puedo respirar.
Tomo coraje y otra vez tomo impulso. No logro moverme. Comienzo a sentir náuseas.
En un rapto de inconsciencia me muevo de un modo nervioso, histérico.
Nuevamente el temblor. Lo siento más cerca esta vez.
Una gota de coquillas frías recorre mi espalda. Una espalda que brilla y es difícil ocultar.
El temblor ya está acá. Ya se transformó, como todo a mí alrededor mientras yo pensaba. Ni muy rápido ni muy claro.
Ese temblor se transformó en un paso firme .Provocó en mí  un viento confuso. Me lleno los ojos de tierra y comencé a ver diferente.
Débilmente comienzo a moverme. Voy a simular mi muerte, decido.
El paso se detuvo. Mis latidos aumentan. En minutos no voy a estar simulando nada.
Con una hoja, aquel paso me empuja dulcemente hasta que vuelvo a pararme en mis patas.
Recuperé mi percepción, ahora veo más claro y sigo algún camino. Mis seis patas están adoloridas pero estoy de pie. 


viernes, 8 de febrero de 2013

que ves el cielo.


Hace días que no  escribo, quizás este día especial  y su música encantadora me ayuden a  transmitir esto que viene desde adentro.
Importante también es entender que un día triste siempre puede transformase en algo mejor, algo así como un huella que deje  vida al atravesarte. Eso jamás puede ser malo.
En plena simbiosis de sentimientos .Todos se agolpan desde hace días  aquí… hasta convertirse en tenues telas, sedosas  todas ellas, que cubren mis ojos y me hacen cosquillas.
Y es que los días de enero fueron una luz.
Un norte que supo abrazarme y contener alguna tristeza y un sentimiento de pérdida.
Un norte que supo regalarme experiencias luminosas cada día que se abría aquella carpa.
Y la compañía amiga de siempre, los encuentros eternos, la luna y un camino que casi ni se deja ver, ¿lo ves? Tan sólo la luna y aquellas piedras que te hacen tropezar indican el camino.
 A lo lejos una guitarra y un grito cantado soplan en algún barcito o en algún lugar de esa tierra volátil.
Subidas y bajadas, burros y caballos, casas bajas, niños sonriendo, arcilla roja, perros por doquier, y tu sonrisa.
Una nube de historias de vida que viene a llover encima de nuestro cuerpo, que nos despierta de un letargo. Tan distintas todas ellas, tan cercanas a la vez.
Una noche de payasos y una mesa pequeña pero comunitaria. Una boina y una promesa.
Un río y una caída que me empapa de agua, hermosa, fresca. Un miedo que después me hace reír. La mano amiga que me rescata. El chiste interminable del túnel y las piernas temblando hasta la séptima cascada.
Paisajes hermosos, amigos itinerantes, caminatas y “gastadas” durante kilómetros.
La historia no oficial, las increíbles ruinas de aquellas poblaciones.
Hacer dedo con un frío que deja helados los pies, una camioneta apretada  y el nacer de un día soleado en el camino.
Luego fueron las notas de todos aquellos instrumentos, música para despertar el alma, para mantenerla atenta ante aquello que está por venir, siempre.
Compañía colectiva, tres mates circulando, risas y juegos de mesa para pasar el rato, para darle vida. Mientras tanto, la lluvia que cae siempre a las seis de la tarde.
Más subidas, palabras sin sentido, risas gastadas, pero siempre risas.
Las  dulces “buenas noches” de un  niño, la perfección de todos ellos que nos hace sentir tan plenos.
El ritual del compartir en cada momento, una piedra transparente como el agua  que simboliza un encuentro que nació  hace años atrás.
Bailes raros y ridículos hasta la carcajada, y las botellas de colores de aquel bar.
Un escondite y unos besos regados de caricias. Una propuesta indecente, hermosa. 
Abrazos en cada nuevo encuentro, nostalgia en cada final (que espero no lo sea).

                                                                                  Purmamarca.
Como dice el Flaco, “mañana es mejor”. Hoy duermo con esa idea en la cabeza y acá, aún más cerca.







miércoles, 2 de enero de 2013

la primera - última noche.

La compañía amiga, la de siempre, vital.
Risas cómplices y otras tantas nerviosas.
Ironía en palabras y  gestos. La parodia en bailes juglares.
Un sentimiento de vergüenza que intenta dibujar  un lenguaje en esos  cuerpos callados. Los mismos que por momentos tan sólo  se sientan a ver.
Pero no dejan de bailar porque pronto será de día y esa noche se irá en recuerdos.
Hermosos recuerdos.
El fruto de la tierra y todo comienza a fluir entre la masa joven.
Miradas que se buscan entre los rostros fértiles. Todos en busca de una lluvia de verano. Esa que se lleva recuerdos tristes y  trae consigo vendavales novedosos para la cosecha que vendrá.
Notas desperdigadas en el aire, la música del pueblo se oye allí.
Una voz conocida, una mirada buscada en la adolescencia olvidada.
Un abrazo, un beso desprevenido en los labios y un “feliz 2013”.
 Y nuevamente ella se encuentra con esa mirada de niño de algunos hombres, esa que tanto le gusta.
Un fuego que se deja ver en cada movimiento. Callado por una indecisión que detiene lo que pudo ser.  Sabe que esa será la última vez que eso suceda. Tendrá que serlo.
Un lugar recóndito en el mundo: una calle, luces y banderines de colores, un barrio de fiesta. Los árboles protegiéndolos de ese viento frío.
Ella se unió a una juventud que  salió a la calle a festejar que empieza todo nuevamente. Aunque sea sólo allá arriba, en la “capocha”.Quizás también se sienta aquí, en el pecho. Es el simbolismo de un ritual que se repite cada año.
Un nuevo ciclo desenvuelve sus alas y se echa a volar. Veremos dónde la deja.
Por lo pronto, un viento norte se siente desde acá.