miércoles, 2 de enero de 2013

la primera - última noche.

La compañía amiga, la de siempre, vital.
Risas cómplices y otras tantas nerviosas.
Ironía en palabras y  gestos. La parodia en bailes juglares.
Un sentimiento de vergüenza que intenta dibujar  un lenguaje en esos  cuerpos callados. Los mismos que por momentos tan sólo  se sientan a ver.
Pero no dejan de bailar porque pronto será de día y esa noche se irá en recuerdos.
Hermosos recuerdos.
El fruto de la tierra y todo comienza a fluir entre la masa joven.
Miradas que se buscan entre los rostros fértiles. Todos en busca de una lluvia de verano. Esa que se lleva recuerdos tristes y  trae consigo vendavales novedosos para la cosecha que vendrá.
Notas desperdigadas en el aire, la música del pueblo se oye allí.
Una voz conocida, una mirada buscada en la adolescencia olvidada.
Un abrazo, un beso desprevenido en los labios y un “feliz 2013”.
 Y nuevamente ella se encuentra con esa mirada de niño de algunos hombres, esa que tanto le gusta.
Un fuego que se deja ver en cada movimiento. Callado por una indecisión que detiene lo que pudo ser.  Sabe que esa será la última vez que eso suceda. Tendrá que serlo.
Un lugar recóndito en el mundo: una calle, luces y banderines de colores, un barrio de fiesta. Los árboles protegiéndolos de ese viento frío.
Ella se unió a una juventud que  salió a la calle a festejar que empieza todo nuevamente. Aunque sea sólo allá arriba, en la “capocha”.Quizás también se sienta aquí, en el pecho. Es el simbolismo de un ritual que se repite cada año.
Un nuevo ciclo desenvuelve sus alas y se echa a volar. Veremos dónde la deja.
Por lo pronto, un viento norte se siente desde acá.

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