Lo escribí hace un tiempo, no lo recordaba. Pero lo leí y sentí que estaba ahí. "Entonces lo comparto",pensé.
A todos nos pasó seguramente.
A todos nos pasó seguramente.
Soy la muralla de la que habla el Flaco.
Su recuerdo es el beso que no le dí.
Pero esta vez no.
Las manos se humedecen. Se marcan las venas.
Mi mirada se posa en tus comisuras.
Ya no te escucho. Estoy sola acá adentro.
La respiración se agita. Latidos rapaces.
La ansiedad de transforma en deseo una y otra vez.
Muralla. Se quiebra. Tus labios.
Palabras. Tu lunar. Tu ceja levantada.
Pestañas en la unión de cada idea que sale de tu boca. Tu boca.
Mi mirada intenta encontrarse con la tuya.
Manos húmedas y verdes. Trago saliva.
Mojo mis labios.
Me concentro en tus comisuras. En el movimiento de tus labios mientras
hablas. En la barba que los rodea. En tus dientes torcidos. Sólo en vos.
Intento llegar a tus ojos, encontrarlos a mitad de camino.
Me esquivan. Tus manos también sudan.
Entonces apoyo mi mentón sobre mi mano e inclino mi cuerpo. Perdí la
batalla.
Me convertí en mi muralla y no me animé a besarte.
Mañana quizás.
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