Un abrazo, una caricia…y palabras, más palabras.
Cada vez creo menos. No sos vos, es otra voz, son otras manos y otros besos, pero estás ahí, cada vez que cierro los ojos.
Cada vez creo menos y eso me asusta.
Respiramos el mismo aire, pero vos no estás cuando abro los ojos.
Porque no estás ahí afuera, estás acá adentro.
Cada vez creo menos y eso me duele.
Un juego de comparaciones que no sirve de nada. Un recuerdo al que recurro cada vez que reconozco la distancia que nos une.
Cada vez creo menos y ya no quiero besarlo.
Quiero estar recorriendo imágenes a gran velocidad. Gritar desde adentro.
Quiero sentarme y ver como pasan los árboles, las casas y los autos. Contemplar las luces de la ciudad y nublar la vista en alguna de ellas. Quizás ahí te vuelva a encontrar.
Cada vez creo menos y eso no me gusta.
Son otras caricias, son otros abrazos los que me envuelven en un silencio necesario.
Y te veo a vos, un punto luminoso en la ciudad. Frío, miedo, ganas de salir a caminar.
Si tan sólo pudiera reconocer una puerta para salir, no para escapar, para salir y ver otro mundo. El mundo del que él me habla.
Cada vez creo menos y en ese universo de desconfianza y miedo estás vos.
Y él me toma la mano y me dice cosas lindas, pero muero de miedo.
Y ahora, que cada vez creo menos, él me pone suavemente sobre su pecho y entrelaza sus manos en mi pelo, frío por la noche, y por todo.
Prefiero cerrar los ojos y pensar que estoy sola, que tengo su calor y sus caricias, pero estoy sola.
Ahora que cada vez creo menos.
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