Hoy se despertó queriendo ser otra. El día se sentía largo, inevitablemente extenso.
Por dormir algunos minutos más, sacrificó su desayuno. Un desayuno que , hace años ya, se había reducido a tres o cuatro mates amargos.
Hoy se despertó queriendo ser otra. Quizás por eso, por primera vez, después de muchas mañanas, amaneció sin música. Caminó de su casa a la parada del 407 sin música.
Al pasar por esa fábrica, los muchachos la saludaron. Esta mañana escuchó sus voces y las miradas de repente se volvieron más penetrantes. Se detuvo y esperó. Verde, lista para cruzar.
Se sentó a ver el sol, esperaba el colectivo, pero sobre todo buscaba el sol en esta mañana nublada.
Salió realmente tarde de su casa, pero inexplicablemente llegó a tiempo al trabajo. Un hecho extraño, como si hubiera hecho un movimiento fuera del eje espacio- tiempo.
Afortunadamente el colectivo pasó rápido a buscarla. Justo antes de subir, de levantar su mano para detenerlo, encontró un aro entre su pelo. Ya lo pensaba perdido en el baño o entre las sábanas aún tibias. Y se sintió levemente feliz, segura, como si ese aro fuera parte de su identidad ahora en crisis.
Subió al colectivo y se sentó en el fondo. Bien cerquita del motor, para escuchar ese ruido. Para ensordecer su alma en ese espantoso ruido. Simplemente para perderse y no pensar. Recordó que hoy quería ser otra.
Me gusta mucho amiga. Te quiero citar a mi tía, tu texto me hizo acordar a esto que escribió ella:
ResponderEliminar"Alguna vez y con otras palabras escribí y luego no envié una descripción de la ciudad que ya no era ni sería la de entonces cuando, con aquella persona, yo la caminaba y la vivía."
Gracias queridísima amiga mía.
EliminarMuy bello lo que escribió tu tía. Me hace acordar a taller I, siglo XIX, la literatura sobre la ciudad,no?
Abrazon pa ti!
Exactamente, crónica urbana and all that jazz. Besos muchos loca! Nos vemos en unas horitas nomás.
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