martes, 8 de mayo de 2012

movimiento.



Se endurecen las extremidades, ya no puedo moverme. Soy una piedra mojada: seco por dentro.
El reloj no para de dar vueltas, mis pensamientos tampoco. Soy una mosca que da vueltas en la basura, vuelo circular sobre las mismas ideas.
Miedo que endureció mis días, que me quitó la dicha.
Y hoy me desperté con una canción de Pink Floyd, un pucho y unos amargos y me detuve  frente al ventanal a ver el sol.
Hoy me desperté en la quietud del día, de la ciudad. La risa de un niño me despertó, me sacudió. Las campanas de la Iglesia,  que ya no me interesa visitar, también me obligaron a salir del sueño.
Los dedos de mi mano empezaron a seguir una melodía. Y me fui con ella.
Ya no sé quién soy y quizás me lleve tiempo descubrirlo, pero ya no soy una piedra, y eso me da ser, me da vida. Miro mis manos ajadas, las llevo a mi rostro y  acaricio mi barba. Intento reconocerme. Pero hoy no puedo.
Por ahora, voy a hacer de la vergüenza y del miedo el gran bonete que ya no pienso usar.
Voy a romperlo en el aire y despedirlo en el viento, mientras “The great gig in the sky” sigue sonando. Mientras dejan un vacío, para respirar profundo.
Y quizás mañana me anime a buscar mis sueños, a probar y a errar. Y tal vez  también la llame a ella. Quizás deje de sentarme en una esquina a ver los autos pasar, a mirar entre piernas que caminan. Sentado detrás de unos  lentes de sol gastados, desde abajo, como escondido. Ya no quiero esperar.
Mañana por la mañana, tomaré mi guitarra y la haré sonar otra vez. Voy a pedirle que cante mi dolor, que llore conmigo, que me envuelva en su melodía. Voy a pedirle que me abrace dulcemente hasta que sepa quién soy, hasta que tome el coraje.
¿De qué sirven las manos lastimadas por un trabajo que no me hace feliz? ¿De qué sirve pensar que ella ya no quiere verme  si no se lo pregunté? ¿De que sirve una guitarra cubierta de polvo en ese cuarto?

No hay comentarios:

Publicar un comentario