miércoles, 4 de julio de 2012

una tarde clara.



Son las cinco de la tarde. Lisandro canta en el fondo, y adentro también.
Clara está sentada en la escalera de su patio. Unos amargos la acompañan.
Imagina, vuela en un lenguaje efímero. Desea historias de amor. En realidad, tan sólo la suya; simple y excéntrica, intensa y eterna.
Clara desea y la canción que escucha la impulsa más allá .Se percibe en sus gestos y en su sonrisa de labios apretados. En sus ojos que ya no miran nada en especial. En sus suspiros profundos.
Cómo anhela tus besos.
Su cuerpo es batucada. Tu cuerpo es una lluvia.
Y es tu agua la que lava, la que podrá quitarle penas y grises.
Es tu voz y tu palabra certera la que define. Y ella espera tu llamada.
Espera porque ya lo ha dicho todo.
Hablale. Decile al oído lo que quiere oír, lo que hasta ahora no te animaste a decir.
Clara te espera en el patio de su casa, con su sonrisa vespertina. No dejes que sigan pasando las horas y sacala a bailar. Dale que ya se esconde el sol y el agua del mate comienza a hervir.

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