Con su mano derecha hizo sonar la última cuerda de la guitarra.
Con sus dedos lánguidos, acarició su mejilla y la miró profundo.
Negro profundo.
Sonrió como sólo él puede hacerlo y mordió sus labios. Frunció el ceño.
La complicidad en su mirada se dejó ver.
Proyecciones en sus nubes. No ven los colores ni las formas.
Fragmentos.
Él fija su mirada en la baldosa teselada del patio, cierra sus ojos y toma vuelo: “te amo".
Ella sentada frente a él, con el mate recién cebado. Aleja sus ojos de la baldosa (también la miraba ,para evitar el desencuentro provocado por el silencio incómodo) y con el rostro transformado, respira profundo y le responde: “yo no, yo te amo más”. Y una lágrima se desliza desde su ojo derecho hacia la comisura de su boca. Su última lágrima.
Benjamín se mira las manos y comienza a tocar otra canción con su guitarra.
Cae el sol.
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