Ayer estábamos con Dani en un bar comiendo unas empanaditas, estado "post-final-que-gracia'-a-dio'-te-fue-bien", y encontré una hoja doblada, al fondo de una cartera. Bolsillos que uno deja de revisar.
Era una suerte de poema que había escrito, ya no estoy segura ni cuando ni para quien, aunque me imagino sentada en un banco cerca de tribunales, por uruguay, en un rapto de escritura antes de ir a trabajar. Decía así:
Figura tuya que volvió
a mi lado
pero hoy yo estoy sola.
Entonces no sé qué hacer con esta imagen tuya,
más fácil que desaparezcas y te llore y no
que vuelvas
y te espere
y jamás
jamás
seas.
Aunque hoy esto no represente nada para mí -excepto algo que fue- creo que hay pocas cosas que me gusten tanto como encontrar esta suerte de sorpresas. Casi como pedacitos de uno mismo que se olvidan y que se van dejando ahí, rodando por el camino.
A mi me pasan cosas así a menudo, solo que me quedo el día entero intentando recordar por qué escribí lo que escribí y si fui realmente yo quien lo hizo.
ResponderEliminarTal cual, es como una suerte de extrañamiento...
Eliminar