Dice Bauman sobre el
período de transición del feudalismo a la modernidad:
“El paso de una cultura
silvestre a una de jardín no sólo es una operación realizada en una parcela de
tierra, también es la aparición de un
nuevo papel: la del jardinero. Este ocupa ahora el lugar de guardabosques […]
quienes trataban de garantizar que las plantas y los animales se reproduzcan
sin molestias.
El poder que rige la
modernidad (el poder pastoral de estado) se modela de acuerdo al papel del jardinero
[…] Nunca puede contarse con que el diseño de un jardín se reproduzca por sí
mismo, y tampoco puede confiarse en que lo haga mediante sus propios recursos.
Las malezas – esas plantas no invitadas, no programadas, autónomas- están allí
para destacar la fragilidad del orden impuesto, alertan al jardinero acerca de
la eterna exigencia de supervisión y vigilancia”
Y pienso que tal vez la
difícil decisión se dirime entre resignarse a ser jardinero, a cuidar tan sólo
desde la ventana o bien, elegir no deshojarnos
como canta el flaco, animarnos a ser malezas.
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