sábado, 20 de agosto de 2011

mi café


Mientras revuelvo el café, y el azúcar se mezcla con ese agua oscura y caliente, te veo.

No es un recuerdo, sos vos. El mismo que me espera detrás de una pared llena de afiches con su sombrero del 900.

Cierro lo ojos y siento tu respiración por debajo de mi mentón. Siento tus manos creando huellas en mi espalda, y también te veo a vos. “Había un mundo” me decís y los peces de tu ventana tienen más colores que cuando llegué.

A oscuras pero iluminados por un reflejo de luz, te veo a vos, hablándome.

Aparecen el Principito y el zorro, y delante de ellos, mirándome de reojo, me confesas que estás contento de haberme conocido en tu hoy

Te veo ahora en mi taza porque sos un poco así, te mezclas entre el azúcar y el café, te perdes en mi cabeza.

Te pierdo en imágenes, entre palabras, luces y tierra, pero por suerte te encuentro en mi café. Ah, y también cuando despierto.

1 comentario:

  1. Los verdaderos encuentros sólo ocurren cuando despertamos.

    Había un mundo, sí. Y ahora hay otro.

    Pero el mundo es invisible a los ojos.

    Abrazo

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